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sábado, 27 de diciembre de 2008

Coteleria Cubana

Coteleria Cubana



Ron Collins



Ingredientes
1 ½ onza de Havana Club Añejo Blanco½ cucharadita de azúcar½ limónHieloAgua de sodaLimónCereza
Modo de preparación
En un vaso alto de highball:½ cucharadita de azúcar, jugo de ½ limón. Diluir bien.Cubos de hielo, 1 ½ onza de Havana Club Añejo Blanco.Llenar con agua de soda y revolver.Adornar con una rodaja de limón y una cereza.




Mojito




Ingredientes:
½ taza de ron
½ taza de club soda o agua mineral
2 cucharadas de azúcar
1 taza de hielo picado
1 ramita de hierba buena
1 cucharada de jugo de limón
Instrucciones:
Mezcle el jugo del limón, el ron, el azúcar, el hielo picado y la hierbabuena. Usando una cuchara mézclelo bien hasta que el azúcar se disuelva. Añada el club soda o agua mineral. Sírvalo en vasos pequeños y adórnelo con hierva buena.
Este fue el trago preferido de Ernesto Hemingway, famoso escritor americano que tenia su casa en la Isla de Pinos; en La Habana, le servían este trago en la bodeguita del medio su lugar preferido.




Cuba Libre




Ingredientes:
1 lata de Coca-Co1a®
1 onza de ron
2 cubitos de hielo unas gotas de limón (opcional)
Instrucciones:
Ponga en un vaso grande los dos cubitos de hielo, el ron, el limón y llénelo con la Coca Cola®.




Daiquiri




Ingredientes:
1 cucharada de jugo de limón
½ cucharadita de azúcar
1½ onzas de ron
1 cubito de hielo
Instrucciones.
Coloque todos los ingredientes en la licuadora y lícuelos. Sírvalo en vasos de champaña

miércoles, 24 de diciembre de 2008

El Guarapo (Jugo de Caña)





El guarapo, jugo de caña







El guarapo es el jugo de la caña de azúcar (Saccharum officinarum), una graminácea oriunda del continente asiático, importada a Cuba por los colonizadores españoles y que llegó a ser el primer renglón económico de la isla caribeña.El guarapo es una bebida de agradable sabor y excelentes características nutricionales, excepto para diabéticos.Con un elevado contenido en azúcares, proteínas y calorías, resulta una bebida energizante magnífica. El índice de sacarosa depende de la variedad de caña y su punto de maduración.En madrugadas frías, poco comunes en Cuba, los trabajadores de las fábricas de azúcar acostumbran a beberlo extraído del proceso productivo, porque sale tibio y les ayuda a recuperar energías y el calor del cuerpo. Sin embargo es mucho más frecuente consumirlo bien frío, con la adición de hielo frappé, en puestos de venta conocidos popularmente como guaraperas, en las que se extrae el jugo de la caña en el momento de ser consumido, pues minutos después cambia su color poniéndose oscuro. Por esa característica negativa del guarapo, han resultado infructuosos, hasta ahora, todos los intentos de embotellarlo.Las guaraperas están diseminadas por todo el país gracias a la facilidad con que se construyen los trapiches y la abundancia de caña azucarera.Los trapiches son las máquinas con que se extrae el jugo a la caña, tanto las pequeñas que se usan en las guaraperas, como las enormes que se usan en los centrales azucareros (fábricas de azúcar).Esencialmente, los trapiches están compuestos por dos rodillos de metal con estrías que giran movidos por motores o por la fuerza humana y entre los cuales se hace pasar la caña para exprimirla.En sus inicios, los trapiches eran de madera y se movían mediante fuerza animal. Luego el guarapo se depositaba en grandes pailas y se sometía al fuego hasta desecarse. La costra resultante se raspaba, de donde nació el nombre de raspadura, producto que hoy se sigue obteniendo de manera artesanal para consumirse como una golosina. Aquellas primitivas fábricas se conocían como ingenios.Hay otros procedimientos más sencillos de obtener el guarapo, como retorcer la caña sobre una vasija después de haberla machacado un poco.El guarapo y todos sus derivados están profundamente arraigados en la cultura popular cubana, se menciona en canciones como una cuyo estribillo reza: si tomas guarapo por la madrugá, lo bueno se queda y lo malo se va. También existe un popular grupo musical cubano que lleva ese nombre, aunque ellos, para darle un toque distintivo lo escriben con W (Warapo).Muchos haitianos que emigraron a Cuba en los siglos XVIII y XIX y se asentaron en la zona sur oriental, donde se emplearon como jornaleros para el corte manual de la caña de azúcar por salarios miserables. Se cuenta que muchos dueños de estancias les permitían ocupar un pedazo de tierra para que levantaran sus chozas y fomentaran pequeñas siembras, conocidas como conucos. También les permitían aprovechar un área del cañaveral. Con las viandas que obtenían en los conucos y el guarapo que extraían de la caña, los haitianos eran capaces de mantener el despiadado ritmo de trabajo que imponían los mayorales en el corte manual de la caña.

sábado, 20 de diciembre de 2008

El Pru Oriental

El Pru Oriental


Bejuco ubí
Quien visite la región oriental de Cuba y no se tome una botella de pru, una refrescante bebida que dicen tiene bondades afrodisíacas, se sentirá tan frustrado como el que viaje a Río de Janeiro y no suba la enorme ladera que se detiene en el Cristo Corcovado.
Porque el pru oriental es el cuño de presentación de esa zona de la Isla, en la que se percibe la influencia de la cultura francesa y haitiana.
En el período comprendido entre los años 1790 y 1868 se produjo la inserción de la inmigración haitiana y francesa, tras la Revolución que bajo el liderazgo de Toussaint Louverture hizo que muchos de los adinerados galos residentes en la vecina isla decidieran tomar sus bártulos y viajar hasta las montañas orientales.
Es innegable su influencia en este país en las diversas ramas del arte nacional cubano. Así, la observamos en la definición de un arte propio, muy en especial en la música y las artes plásticas.
Con los terratenientes blancos, llegaron también los esclavos y libertos africanos, a los que se consideraban además franceses, pues ya habían vivido un proceso de transculturación, incluso en el lenguaje, que devino creole.
Se asentaron los franceses y sus dotes de esclavos en la región oriental porque en este lugar las tierras poseían precios baratos, debido al crecimiento económico de la industria del azúcar en la parte occidental de la Isla. Las montañas orientales se poblaron de cafetales y algodón, que eran los principales productos que manejaban en Haití para la exportación.
Y con estos negros haitianos llegó el pru a Cuba, una bebida fermentada extraída de una raíz de la planta denominada bejuco ubí del África (conocido como indio o lenero) envasada en una botella pequeña, con su espumoso y frío líquido de color champaña.
Pero el pru posee otros ingredientes. Por ejemplo, en Songo La Maya, localidad perteneciente a Santiago de Cuba, esa bebida se ingiere como en La Habana, la soda de cola o naranja, tiene otros elementos naturales, lo que lo hace muy típico.
Para hacer un sabroso pru, tomando como base el bejuco ubí, hay que añadirle jaboncillo, hojas de pimienta, jengibre, raíz china, canela en rama y azúcar cruda.
Hay algunas tradiciones en el oriente cubano que recomiendan agregarle a esa poción la raíz de la palma real y retoños de pino durante la cocción.
En el proceso de elaboración, después de refrescar el cocimiento, se endulza, y, a gusto del consumidor, se le agrega aguardiente, se coloca en frascos herméticos bajo tierra y se le deja reposar durante tres días. Luego que se desentierra, se cuela, se envasa en botellas de cristal y se introduce hojas de caña santa en los recipientes.
Según cuenta la tradición oral de los haitianos actuales residentes en la Mayor de las Antillas, al igual de ser muy refrescante, esta poción posee propiedades medicinales, pues produce efectos hipotensivos, depurativos y diuréticas. El pru les daba fuerzas para realizar las duras faenas agrícolas, les animaba el espíritu y les curaba enfermedades.
Muchas son las huellas de los franceses y haitianos en Cuba, desde la tumba francesa, baile de salón que los negros transculturaron, hasta su religión. Pero, sin duda, una de las costumbres preferidas por los cubanos de todas las épocas es el pru oriental, ahora ya virtualmente extendido en todo el país.

El Cubano y la Cerveza





El cubano y la cerveza
Oscar Mario González







A Emilio Bacardí, exitoso empresario cervecero cubano, fundador del museo que lleva su nombre en Santiago de Cuba, historiador y patriota cubano, se le atribuye la frase de que el progreso de Cuba se podía medir por el consumo de cerveza.Efectivamente, el cubano de siempre ha sentido predilección por esta bebida desde todos los tiempos a pesar de que la necesidad, a veces lo inclina a consumir otros tipos de licores. Ello no quiere decir que el criollo fuera adicto incontrolable a las bebidas alcohólicas. El alcoholismo no era un mal social en la Cuba de entonces.En l958 Cuba poseía 5 fábricas de cerveza que producían cerca de 30 millones de litros anuales para una población aproximada de 6 millones de habitantes. Si se tiene en cuenta el reducido consumo que del producto hacían las mujeres y los menores de edad, se puede inferir el alto consumo per cápita del producto entre los bebedores.Tres eran las marcas que se disputaban el mercado: Hatuey, Cristal y Polar. La calidad del producto era tal que las similares extranjeras no lograban penetrar el mercado interno. Nadie podía competir en precio y calidad con nuestras cervezas a pesar de que algunas firmas foráneas lo intentaban.Los fabricantes de cerveza y la población se veían mutuamente beneficiados por una colaboración espontánea. Los primeros tenían sobrados motivos de gratitud al verse distinguidos con la preferencia pública y la población se favorecía por algunos servicios de utilidad social patrocinados por aquellosAsí las cosas, los Blanco Herrera, principales accionistas de la Cristal, eran patrocinadores del deporte popular, inaugurando en l929 el Gran Stadium Tropical de la Avenida 4I en Marianao donde un año después, en l930, se celebrarían los II Juegos Centroamericanos. Los Zorrilas y Giraudier, fundamentales accionistas de la Polar acaudillaban la publicidad de las grandes ligas del béisbol cubano y promovían el esparcimiento en los flamantes salones de los jardines aledaños a la fábrica.El beneficio era mutuo porque propiciando el bienestar público los productos se anunciaban. Pero indudablemente el empresariado industrial capitalista, en su mayoría, estaba imbuido de sentimientos de amor a la nación. Prueba de ello fue el regocijo que mostró la familia Bacardí tras el triunfo fidelista de l959, calificando a los hermanos Castro de “cruzados de la libertad “. Los Blanco Herrera, por su parte, hicieron generosas donaciones de tractores y arados para la reforma agraria y convirtieron la entrada del stadium en almacén de equipos agrícolas donados para el INRA (Instituto Nacional de la Reforma Agraria).No sospechaban que aquella revolución autodefinida más verde que las palmas era un melón de cáscara verde y rojas entrañas.En resumidas cuentas nuestros padres y abuelos solían divertirse en el salón Sevillano de la Polar o en el Mamoncillo de la Tropical al ritmo de Beny More y su banda gigante o con Roberto Faz y su conjunto. Estos bailes en modo alguno eran frecuentados por las clases pudientes sino por lo más humilde y genuino de nuestro pueblo.Pero el mayor consumo de cerveza tenía lugar en bares y cantinas, tratándose de los jóvenes. Los menos jóvenes, hombres de hogar y familia, preferían hacerlo en la bodega de la esquina. Aquí, en un ambiente familiar, conversaban con el dependiente; entre cuentos y anécdotas, saboreando una cerveza espumosa que entonces costaba veinte centavos o si lo prefería o requería, un vaso de ” lague” que costaba diez centavos. En el primer caso tenía derecho a un “saladito” de jamón y queso y en el segundo era beneficiado con algunas aceitunas. El vaso rebosante de cerveza bien fría goteaba sudoroso líquido. En la vitrola un bolero de Ñico Membiela o de aquel flaco de oro que se llamaba Orlando Vallejo. En el cielo, y entre nubes grises, abundantes claros de luz solar que llamaban a la esperanza.

 
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