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jueves, 1 de octubre de 2009

La Calabacita


La Calabacita.
Herminio Huerta
A Jorge Ramon y Daisy




Hace algunos años la televisión Cubana realizo un corto en el cual una simpática calabacita, con una almohada se paseaba por los tejados de los pueblos y regaba lucecitas, que les producía sueño y ponía a dormir a los niños, todo esto acompañado de una dulce melodia cantada por Miriam Ramos, una magnifica cantante cubana, después se hizo una versión más moderna cantada por Liuba María Hevia.
De donde salió esta idea?
La TV alemana tenía un personaje que era un duendecito pero que en vez de regar lucecitas echaba arena mágica y dormía a los niños, claro conociendo a nuestros niñitos cubano nuestra calabacita no podía regar arena pues se corría el riesgo de que un niñito dejara ciego a su hermanito al tratar de dormirlo. Ustedes saben lo inquieto que son los niñitos Latinos, por eso se decidió cambiar la arena por lucecitas mágicas.
El animado se pasaba todos los días a las 8pm. Claro que ningún niño en Cuba se acuesta a esa hora. Pero las mamas le decían a los niños.
-Acuéstate que ya paso la Calabacita!
Y santo remedio, los niños seguían despiertos y jugando por no decir jod…
El cubano tomo el personaje para sus burlas.
Cuando tenían sueño decían. –Me cogió la Calabacita.
También a Fidel entre tantos sobrenombres le pusieron “La Calabacita”. Por que cuando daba un discurso de esos largos ponía a dormir a todo el mundo.
Así es nuestro pueblo. No deja pasar una.
Y de tanto hablar de la Calabacita me entro hambre y los dejo con una rica receta de Calabaza.






Flan de Calabaza






1 ½ libras de calabaza



1 lata de leche condensada



2 tazas de agua



1 pedazo de canela en rama



¼ cucharadita de sal



6 cucharadas de maicena



¾ taza de azúcar



1 cucharita de vainilla
Pele la calabaza y póngala a salcochar hasta que se ablande. Mezcle la leche condensada con el agua. Ponga a hervir la mitad de la mezcla de agua y leche con canela y sal. Mezcle el resto con la maicena, azúcar y calabaza reducida a puré. Añádale la leche caliente y páselo todo 2 o tres veces por un colador fino. Póngalo a cocinar revolviendo hasta que espese. Viértalo en un molde bañado con caramelo y déjelo enfriar bien hasta que cuaje antes de sacarlo. Da para 8 raciones. Si desea usar leche fresca en vez de leche condensada, utilice 3 tazas de leche, suprima el agua y aumente la cantidad de azúcar a 2 tazas. Si usted no tiene maicena, puede hacerlo con harina. Aumente la cantidad de harina en relación con la maicena indicada. Esta receta por ejemplo se hace con 12 cucharadas de harina.

El Medico de Napoleon y Cuba





Francisco Antonmarchí.



Ultimo médico que atendiera a Napoleón, residió en Cuba y aquí falleció en 1838 víctima de la fiebre amarilla. Sus restos reposan en el osario del panteón de la familia Portuondo, a la entrada del cementerio de Santa Ifigenia.
Además de sus valores personales y profesionales, a Antonmarchí le correspondió el sitio en la historia de haber visto expirar a Napoleón Bonaparte; a los cubanos, que decidiera su final en esta Isla que lo acogió y cuida de sus mortales restos
La veracidad de este hecho fue confirmada en 1994 por el doctor Antonio Cobo Abreu, especialista en medicina legal de esa ciudad oriental, quien procedió a la identificación, y así se dio a conocer en el Festival del Caribe, que habitualmente se celebra en esa ciudad, aquella vez precisamente dedicado a los pueblos de habla francesa.
La identificación legal se hizo a partir de una caja rectangular de plomo de 70 x40 centímetros, sellada y con la única inscripción E.P.D., que no correspondía a ningún miembro de la familia mencionada. Las estructuras óseas encontradas en el interior del recipiente evidenciaron que se trataba de un individuo europoide de aproximadamente 50 años que medía 1,92 metros al fallecer, suceso que ocurriera hacía más de un siglo. Una pintura que se conservara del rostro de Antonmarchí permitió realizar comparaciones con el cráneo encontrado y se demostró la coincidencia entre la forma de la cara, la separación de las cuencas oculares y los rasgos característicos del mentón y la nariz. Un elemento definitorio fue la gran estatura del personaje. Luego del trabajo investigativo y la certificación legal, los restos fueron preservados embadurnándolos con barniz y depositados nuevamente en el osario del panteón de la familia Portuondo.
El doctor Francisco Antonmarchí había nacido en la francesa isla de Córcega, el 6 de julio de 1789, y se hizo médico en la Universidad de la italiana ciudad de Florencia. Particularmente se destacó por la publicación de dos atlas anatómicos, su labor al frente de la cátedra de Medicina de ese centro de estudios superiores, así como por sus investigaciones acerca de las enfermedades tropicales, currículum que le valió para llegar a ocupar un puesto como médico en la nómina del ejército imperial francés.
Al abdicar Napoleón como emperador, Antonmarchí salió de París y se unió a él hasta acompañarlo en 1815 en la batalla de Waterloo. Una vez derrotado y refugiado en la isla de Santa Elena, Bonaparte quedó sin su médico de cabecera y Antonmarchí fue aceptado para sustituirlo, función que cumplió desde el 18 de septiembre de 1819 hasta el 5 de mayo de 1821.
Al morir Napoleón, Antonmarchí se trasladó a Polonia, país en el cual se desempeñó como cirujano; estuvo más tarde un tiempo en Italia y luego de pasar por Francia decidió trasladarse a América. En este continente residió primero en los Estados Unidos de América, en el sureño estado de Louisiana, y posteriormente pasó a México.
Proveniente de tierras aztecas, llegó Antonmarchí a La Habana en los primeros meses de 1837. Entre los valiosos objetos que con sumo cuidado traía consigo, estaban el molde de la mascarilla que había hecho a Bonaparte momentos después de que falleciera, y las memorias del emperador. De La Habana partió hacia Santiago de Cuba al encuentro de su primo hermano, el dueño de cafetales Antonio Benjamín Antonmarchí y Chaigneas, radicado en la villa de El Cobre, cercana a esa ciudad.
A los pocos meses de haberse establecido allí, la comunidad santiaguera reconoció muy pronto los valores profesionales del Médico de Napoleón como la mayoría le denominaba, utilizando sus útiles y prestigiosos servicios, por lo que la noticia de su fallecimiento el 3 de abril de 1838, conmovió a todos. El cadáver del galeno fue depositado en la iglesia de Santo Tomás y se le dio sepultura en el cementerio de Santa Ana, en la bóveda familiar del marqués de las Delicias de Tempú, uno de sus pacientes. En el traslado de todos los restos de este panteón hacia el nuevo cementerio de Santa Ifigenia, fueron colocados junto a los de la familia Portuondo, que luego ostentó el marquesado de Tempú, sitio donde fueron identificados hace pocos años.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

La Chelito era Cubana



La Chelito
Mucho se ha contado sobre esta famosa interprete del cuple, y se daba por Española, pero en realidad era Cubana.



Consuelo Portela, La Chelito, nació en Cuba el año 1885. Su padre, que era capitán de la Guardia Civil estaba destinado en Placetas, pero a los quince días del nacimiento de la niña regresó a España definitivamente, junto a su esposa.La Chelito fue una de las primeras figuras del cuplé y de la canción picaresca de la época, cantando con picardía y con gran gracia en los más importantes locales de variedades de la época, que eran considerados atrevidos e incluso escandalosos. Una de las novedades de La Chelito es además la introducción de la rumba en el mundo del cuplé.Entre sus famosos cuplés están Las pantorrillas, La noche de novios o La pulga.De ella se cuenta que la única visita que realizó a Cuba como artista conoció a un cubano llamado Dagoberto Campos, del que se enamoró, aunque duró muy poco porque él murió en un accidente de tráfico, como también se cuenta que los hombres la asediaban e incluso se comentaba que incluso tuvo amores con el rey Alfonso XIII.
En el año 1927 interpreta El Conde Maravillas, una película dirigida por José Buchs y que estuvo interpretada entre otros por Pedro Larrañaga, José Montenegro y Carmen de Toledo, la única incursión en el cine que haría a lo largo de su vida, ya que un año más tarde, en 1928, se retira para convertirse en empresaria de El Dorado, donde instaló un teatro y una cafetería, que pasaría a ser el Teatro Muñoz Seca. Fue la primera artista que se paso al mundo de la empresa. Consuelo Portela, La Chelito falleció en noviembre del año 1959

Quien Fue La Macorina



LA MACORINA

Cary Muñiz


Aquí se recoge lo que de ella llamó principalmente la atención: fue la primera mujer que manejó en Cuba y obtuvo la primera "cartera dactilar" o carné de conducir, dado por el Municipio de La Habana, expedido a nombre de María Calvo Nodarse: fue un verdadero escándalo en los años veinte.
¿Quién fue la Macorina? María Calvo Nodarse nació en Guanajay en 1892 y cuando tenía 15 años se trasladó a escondidas de su familia a La Habana, ¿raptada? por su novio. La capital le ofrecía mucho a esta joven belleza de mujer que tenía las ideas claras de cómo quería vivir a partir de ese momento. Cuando las estrecheces de la vida diaria entre las cuatro paredes de un cuarto habanero se le hicieron insoportables, apartó al novio de su vida y a los pocos meses empezó a hacerse notar entre los hombres que ostentaban una buena posición económica. No fue una prostituta en el sentido indiscriminado que conlleva esta profesión, ni tampoco trabajó en un burdel, sino que se prostituía selectivamente. Y comenzó su carrera rápida hacia la opulencia, según declaró en el más puro estilo folletinesco en una entrevista que le hizo Guillermo Villarronda para la revista Bohemia el 26 de octubre de 1958: "más de una docena de hombres permanecían rendidos a mis pies, anegados de dinero, suplicantes de amor"
Su época de esplendor fue bastante dilatada para este tipo de vida, pues abarcó desde 1917 a 1934. Tuvo cuatro lujosas casas: en Calzada y B, Línea y B, Habana y Compostela y San Miguel entre Belascoaín y Gervasio; poseyó unos valiosos caballos, así como pieles y muchísimas joyas de incalculable valor, además de nueve automóviles, principalmente europeos pues eran sus preferidos. Sus gastos mensuales para mantener su tren de vida ascendían a $2.000 mensuales, sin contar las cantidades extras con las que ayudaba a su numerosa familia, todo lo cual constituye una verdadera fortuna si tenemos en cuenta de que hablamos de la década de los años veinte.
Fue la amiga de ricos habaneros dedicados a la política y los negocios, entre ellos José Miguel Gómez (conocido popularmente como "Tiburón"), a quien ayudó con su lealtad durante los sucesos de "la Chambelona" Fue tan popular la Macorina que no sólo tiene en su honor dos composiciones musicales y una pintura de Cundo Bermúdez, sino que fue inmortalizada en las famosas charangas de Bejucal, que se celebran en el mes de diciembre, donde en los desfiles de personajes aparecía una muñecona con careta debajo de la cual estaba su creador, un albañil llamado Lorenzo Romero Miñoso.
María se convierte en Macorina Aunque ella misma declaró que detestaba ese apodo, lo cierto es que pasó a la fama con ese nombre y como si hubiera sido obra de la casualidad. Al Paseo del Prado entre San Rafael y San Miguel se le conoce como la Acera del Louvre, así llamada por el famoso Café del Louvre, fundado por Juan de Escauriza en 1844. En esa misma acera se establecieron posteriormente el Hotel Telégrafo y el Hotel Inglaterra, inaugurado éste en 1875 y donde se hospedó en 1890 Antonio Maceo. La Acera del Louvre se hizo famosa: allí se reunían, primero, los jóvenes revolucionarios antes de incorporarse a las filas insurrectas; y ya en la República conversaban y leían sus obras los entonces jóvenes Emilio Ballagas, Jorge Mañach y otros talentos de la misma época. Y en una ocasión, mientras María andaba por la acera del Louvre, un joven que había bebido más de la cuenta dijo al pasar la bella mujer: "¡Ahí va la Macorina!", cuando en realidad quería decir la Fornarina (llamada realmente Consuelo Bello), una famosa cupletista española, contemporánea de la también española Raquel Meller y de la cubana ¿la Chelito? (¿la Coquito?). Quiso compararla a la Fornarina pero su embriaguez le hizo decir "Macorina".
La decadencia Como ya es lugar común en este tipo de biografías, el ocaso de la Macorina se inició en 1934. La situación económica nacional ya no era tan próspera, pero quizás el hecho indiscutible era que la Macorina tenía entonces 42 años. Los amigos del pasado iban amparándose en excusas cada vez que ella les pedía ayuda, y así fue vendiendo todas sus pertenencias, desde las joyas hasta las casas y los coches: la Macorina acabó en la más absoluta pobreza, viviendo en un cuarto alquilado en una casa familiar habanera.

La ficción

A partir del triunfo sostenido de la canción de Chavela Vargas, hemos podido enterarnos de muchas leyendas acerca del personaje de la Macorina, historias tan sorprendentes como la que afirma que fue una guerrillera, así como una luchadora por la libertad en el siglo XVII en Hispanoamérica. También se dice que su verdadero nombre es María Constanza Caraza Valdés, el cual se cambió por el de María Calvo Nodarse, pero lo cierto es que en el permiso para conducir o cartera dactilar expedida por el Municipio de La Habana aparece con el nombre con el que ella misma se ha dado a conocer. También se la ha descrito como hija de negra y chino, pero las fotos que de ella se han publicado (incluida la que aparece en el permiso de conducir) muestran a una mujer blanca.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Quien era "La Chambelona"




La Chambelona
DR. Autor





Es aquí, quizá, el canto popular más repetido de todos los tiempos y se le conoce desde que los liberales la introdujeron en su campaña política de 1916. La cantaron entonces con pareados agresivos y aun insultantes para el presidente García Menocal, y poco después, en febrero del año siguiente, daba nombre a una guerra civil: la llamada “La Guerrita de La Chambelona”, cuando los liberales, capitaneados por José Miguel Gómez, se dispusieron a conquistar por las armas el poder que los conservadores le arrebataron en las elecciones. Si entonces La Chambelona fue un himno liberal, con el tiempo a todo político rapaz y demagogo se le llamó chambelonero, con independencia del partido al que perteneciera.
¿Qué la inspiró? ¿Se trata de una música original o adaptada? ¿Nació en Camajuaní o en Chambas? ¿Fue Rigoberto Leyva su autor? ¿Surgió realmente en 1916 en la antigua provincia de Las Villas y desde allí se desplazó a La Habana para inundar luego toda la Isla?
VIEJA TONADILLA
Contra la opinión generalizada, dice Fernando Ortiz, la música de La Chambelona no es de origen africano; lo es solo el compás, que ha popularizado una vieja tonadilla española. De la misma opinión es el maestro Helio Orovio: la define como un canto popular en ritmo de conga, que utiliza la estructura de una vieja cancioncilla española mezclada con elementos rítmicos de origen congo. Ortiz añade que el nombre chambelona parece proceder de Chambas y que chambelona, según algunos, quiere decir música de Chambas, toponímico cubano que a su vez proviene de África, de Sierra Leona, específicamente. Esa supuesta procedencia no parece cierta.
A juzgar por lo que, en mayo de 1930, escribió el memorialista Ramón A. Catalá en su columna Del lejano ayer, que aparecía en el Diario de la Marina, su estribillo se conocía ya en los años 80 del siglo XIX. Fue en esa época en que el periodista Felipe López Briñas improvisó para el diario habanero La Lucha una redondilla que alude a dos gobernadores españoles e ilustra sobre la situación económica del país: Desde que se fue Chinchilla / y ha venido Polavieja / yo no como mantequilla / ni tampoco ropa vieja / ¡Aé, aé, aé la chambelona
Con respecto a esta cuarteta, Ortiz puntualiza que no se sabe cuál fue su música, “pero el estribillo fue tomado de una canción entonces de moda, que el periodista aprovechó en su satírica copla”.
La Chambelona aparecerá como canto político en 1908, asegura Fernando Ortiz. Y lo reafirma Juan Manuel García Espinosa en un artículo que publica la revista Signos, de Santa Clara, . Afirma García Espinosa: “La Chambelona se canta en Camajuaní por primera vez en octubre primero de 1908, al tomar oficialmente posesión de la alcaldía el médico Pedro Sánchez del Portal”. Dice además: “(…) se popularizó después en el terreno de la política, entre los liberales villareños, cuando (…) salió a la luz la misma melodía con una letra titulada La Chambelona, transformación de la original en texto y título, cuya paternidad se disputaban varias personas”. Según García Espinosa, el título original era el de La Chamberona por el sobrenombre que recibía, como veremos después, cierta prostituta de la zona.
Decía en su letra aquella melodía de 1908: Pedro Sánchez del Portal: / Un alcalde sin igual / Elegido en su persona. / ¡Aé, aé, aé la chambelona! / Todo liberal ya grita: Yo no tengo la culpita / Ni tampoco la culpona. / ¡Aé, aé, aé, la chambelona.

Expresa, en Signos, el articulista: “Luego esta letra fue transformada, y se utilizaron diversos textos con el mismo verso final del estribillo. La Chambelona (…) –corrupción de Chamberona- y con la misma melodía de más de treinta años de existencia por entonces (cuando aún no habían nacido los que después se disputarían la paternidad de su música). Como ocurre con muchas creaciones de entraña eminentemente popular, su verdadero autor se pierde en el anonimato de los tiempos. ¿Sería obra del Homero tropical que le sirvió de popularizador?”
EL CIEGO MATEO
Porque por las zonas de Caibarién y Remedios, y también por Yaguajay, se movía un ciego oriundo de Chambas llamado Mateo. Se apoyaba en su bastón, un perro le servía de lazarillo y con una guitarra acompañaba sus canciones. Había sido barbero, pero al perder la visión a consecuencia de una enfermedad venérea, se dio en “inmortalizar” en sus versos a la prostituta que lo “premió”. Le llamaban, como ya se dijo, La Chamberona: Una bella margarita, / Lisonjera y retozona / Con amor me dio una cita. / ¡Merecería una corona! ¡Aé, aé, aé La Chamberona1 Yo no tengo la culpita / Que la dulce picarona / Un día de Santa Rita / Me enredara en la encerrona. / ¡Aé, aé, aé La Chamberona!Guardaraya muy solita / Se llevó a la muy bribona / Con mi corazón -¡maldita!- / Sin dejarme luz… ¡Ladrona! / ¡Aé, aé, aé La Chamberona!
La versión que sobre el origen de La Chambelona ofrece el periodista Cano Vázquez, si bien coincide con la de García Espinosa, difiere en algunos detalles. Cano Vázquez no menciona a La Chamberona, sino a La Tambelona, una llamativa mulata camagüeyana que traía locos a los hombres de Camajuaní y a la que los trovadores locales, con bandurrias, claves y maracas, cantaban endechas eróticas.
Pero sea esta la verdad o la del ciego Mateo, lo que está fuera de toda duda es que el músico Rigoberto Leyva Matarana (1886-1979) oriundo de Camajuaní y liberal entusiasta, tomó, en 1916, la melodía anónima, le agregó notas de su inspiración, le adaptó versos sectarios y le dio el título por el que se le conoce. La inscribiría a su nombre. Creaba así una conga cuyo arraigo estuvo muy lejos de imaginar.
Por aquellos días, José Miguel Gómez era visita frecuente en Camajuaní, donde vivía su yerno, el coronel Espinosa. En ocasión de una de esas visitas, Leyva y otros músicos interpretaron La Chambelona en su presencia y el ex presidente se entusiasmó.
Fue entonces que llegó a La Habana. Una tropa de liberales procedente de Las Villas descendió del tren en la Estación Central y, cantándola y bailándola, se echó a la calle con la intención de llegar a la calle Morro, donde residía Alfredo Zayas, candidato presidencial, por los liberales, en las próximas elecciones. La Policía adujo que aquello era “cosas de negros” e intentó detener la manifestación. No era esa la verdadera causa: aquel piquete de liberales, con los versos de La Chambelona, insultaba al general García Menocal, Presidente de la República, y a su esposa, la Primera Dama, Mariana Seba. Vano fue el intento de las autoridades por paralizar la marcha. A partir de ahí La Chambelona prendió en la nación como una llama en un polvorín,
CANTO POPULAR
Pero ¡ojo! Aquel himno liberal, adaptando sus versos, lo cantaron también los afiliados al partido contrario. Lo dice García Espinosa en su artículo publicado en Signos. En las elecciones de 1916 por el gobierno de Las Villas, cantaban los conservadores:Carrillo se sentaráEn la provincial poltrona.¡Aé, aé, aé, la chambelona!
Y ripostaban los liberales:Yo no tengo la culpita / Ni tampoco la culpona: / Pedro Sánchez del Portal / Ocupará la poltrona. ¡Aé, aé, aé la chambelona!


Aborigenes Cubanos. Leyendas y Espiritus



Leyendas sobre aborígenes cubanos
Por Gina Picart





Hace años unos amigos aficionados a la espeleología aborigen me contaron que, en cierta ocasión, cuando buscaban puntas de silex y otros restos arqueológicos en Topes de Collantes, entraron a una caverna para pasar la noche, y encendieron una hoguera. Uno de ellos, auténtico descendiente de taínos de la zona de Oriente, llevaba consigo una flauta indígena tallada por él mismo, y para amenizar la larga velada tocó unos acordes. Según los testimonios del grupo, la música desencadenó extraños fenómenos en el interior del recinto rocoso, y algunos de los presentes creyeron percibir la formación de extraños rostros en el humo de los leños. Observaron mejor y les parecieron perfiles de antiguos behiques, sacerdotes de los indocubanos. Todos escaparon asustados y durmieron a la intemperie.Es común que las expediciones arqueológicas o los grupos de antropólogos que realizan estudios de campo tengan muchas anécdotas que contar, entre ellas fantásticas, porque la imaginación del hombre no se detiene ni ante las puertas de la ciencia, que a menudo suele forzar.En el caso de los indocubanos, existe una riquísima tradición de leyendas y mitos que nuestros antropólogos han recogido e investigado. Vayan estas como botón de muestra:Los campesinos de la Ciénaga de Zapata evitan entrar en ciertas cuevas de esa zona porque creen que algunas están habitadas por espíritus de indios que las protegen. Es un hecho rigurosamente demostrado por la Historia y los cronistas de Indias que muchos aborígenes cubanos se refugiaban en lo profundo de las cavernas para huir de la persecución de los encomenderos, quienes les daban feroz caza para esclavizarlos. Para hacer salir a sus presas, las asfixiaban quemando ramaje seco a la entrada de la cueva. Muchos indios, por el horror que sentían de ser esclavos, preferían dejarse morir adentro.Entre los religiosos cubanos practicantes de creencias no derivadas de la iglesia católica, está muy arraigada la idea de que los espíritus de los aborígenes cubanos masacrados por los españoles siguen en el éter y se comunican con los médiums de los cordones espiritistas actuales; estos espíritus son sabios y velan por la isla y por sus pobladores a través de vínculos en ocasiones individuales. De este modo, los aborígenes cubanos, que denominaban opías a los espíritus de sus muertos son, a su vez, opías ellos mismos.Matanzas es una región en la que florecen los mitos y leyendas sobre la aparición de espectros taínos y siboneyes. Una de ellas es la leyenda de la bella Aipirí, madre de dos bellos niños a los que cada noche abandonaba para dedicarse a fiestas y jolgorios. Cabuya, genio del mal, cansado de escuchar los lloros de los bebés, los transformó en los arbustos venenosos llamados guao, que provocan en quien se roza con ellos inflamaciones tóxicas y de los que se dice que hasta su sombra es capaz de envenenar a hombres y animales. No contento con lo hecho a los pequeños, Mabuya quiso extender su castigo a Aipirí, a la cual transformó en la extraña sombría mariposa negra que se conoce en Cuba con el nombre aborigen de Tatagua.La viajera sueca Fredrika Bremen recoge en sus diarios de viaje a través de la isla la leyenda del río Yumurí, explicando su nombre por el de un joven cacique enamorado de una princesa destinada a casarse con otro jefe. Avisado de laboa por un esclavo de ella, Yumur´acudió entre las sombras de la noche pilotando su canoa. Se proponía raptar a su amada en medio de la ceremonia de boda; y así lo hizo, siendo los dos perseguidos por los soldados hasta que tuvieron que lanzarse al agua. El río estaba sembrado de mangles que sostuvieron un tiempo a la pareja abrazada, pero al final se hundieron en el suelo pantanoso, tumba definitiva de sus aciagos amores.Pero la isla entera es reservorio de estas leyendas, y desde San Antonio a Maisí está llena de ceibas de las que en medio de la noche brotan indios muertos que interpelan al caminante extraviado comunicándole peticiones y deseos que la muerte les impidió cumplimentar.El hecho de que los siglos transcurridos desde la desaparición de nuestros aborígenes y la asimilación de otras culturas foráneas hayan convertido a la isla de Cuba en una nación totalmente occidental, debiera inclinar a suponer que la memoria de nuestros primeros habitantes estaría ya totalmente borrada, pero en realidad es todo lo contrario: los taínos y siboneyes han permanecido vivos en el imaginario religioso del pueblo, y las ricas investigaciones llevadas a cabo por los antropólogos nativos han reavivado la presencia de este pueblo aparentemente extinto, que ocupa su lugar indesplazable dentro de la identidad cultural de nuestro país

domingo, 20 de septiembre de 2009

El Solar de la California



El Solar de la California.


Solar es por definición una porción de terreno donde se ha edificado o que se destina a edificar. En Cuba es una casa de vecindad, la que contiene muchas viviendas reducidas, por lo común con acceso a patios y corredores. El solar es típico de La Habana, y no es un producto de la Revolución, pues ya antes del 1959 existían múltiples solares donde vivían aquellos que no podían pagar el alquiler de apartamentos y casas. El solar es a la vez denominación de baja educación. Ya que por lo general, los cuartos dan todos a un patio central donde por lo general se encuentran los servicios sanitarios , y los baños, los habitantes gritan de puerta en puerta. De ahí vienen las expresiones „se botó pa’l solar“ cuando alguien pierde los estribos en una discusión.


Motivo recurrente en el arte cubano pero de incómoda cotidianidad para quienes viven hacinados en sus gastadas habitaciones, las llamadas ciudadelas, solares o cuarterías exponen con crudeza el déficit habitacional que aún agobia a este país. Estas casas de vecindad ubicadas especialmente en La Habana Vieja surgieron de la disección en muchos cuartos de antiguas mansiones o de la construcción de múltiples cubículos en torno a un patio central, usualmente con escasos baños sanitarios y lavaderos de uso colectivo.


El Solar de la California.


Inicialmente, como muchos otros solares de La Habana, este lugar era un establo para caballos. Luego fue convertido en un mercado y más adelante se crearon los pequeños cuartos, muy modestos, para ser habitados por hombres solteros.
Se dice que al principio de los años 30, el solar tenía más de 30 viviendas de este tipo distribuidas en dos grupos con un acceso por la calle Colón y otro por la calle Crespo, donde estaba su entrada principal con el número 78. Como era típico en estos lugares había plantado en el patio central un mamoncillo enorme que desapareció después del huracán de 1944.
Concepción Martínez, era la santera más vieja y más prestigiosa que habitaba La California. Su nombre yoruba era Omi Saide, pero todos la llamaban Concha Mocoyú.
Luego de su fallecimiento, fue trasplantada al patio central del Solar, una Ceiba que ella había cultivado en una lata.
El árbol fue trasplantado como manera de perpetuar su espiritualidad; pues la Ceiba tiene muchas connotaciones místicas entre las culturas del origen africano (similares al Baobab en África).
La historia cultural del Solar La California ha estado permeada de los elementos culturales de las distintas religiones africanas llegadas a nuestro país, así como por una de las manifestaciones musicales que desempeñaron un papel en la consolidación de nuestra cultura nacional: la Rumba.
Se cuenta que el famoso percusionista cubano Chano Pozo visitaba con frecuencia a su tía Concha en el Solar La California, en cuya casa se reunían algunos músicos cubanos que posteriormente se harían prominentes en nuestra cultura nacional como es el caso de nuestro Bola de Nieve, o de Dámaso Pérez Prado. Allí Chano, quien llevó la cubanía al jazz norteamericano en los años 40, tocaba y bailaba rumba y muchos de esos aprendices de músicos pasaban jornadas enteras haciendo descargas musicales.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Historia del Beisbol en Cuba


Historia del Beisbol en Cuba





El béisbol, como deporte, tiene sus orígenes en el juego de "Batos" que jugaban los aborígenes cubanos, específicamente los taínos y que está documentado por los propios cronistas españoles que viajaron a la isla en las diferentes expediciones relacionadas con la conquista y la colonización.

Dicho juego, según consta, se realizaba en el “batey” y era un rudimentario juego de pelota que consistía en pegarle a una bola hecha de resina y hojas moldeadas, con un pedazo de la rama de un árbol cortada al estilo de una pala.

Otros hechos relacionados con estos antecedentes es el de la relación que han visto los lingüistas en el origen de las palabras “bate” (inglés bat) y “batear” con las correspondientes “batey” y “batos” usadas por loa taínos.

Después de esto se pierde la pista del juego de pelota hasta 1845. Fecha en la que se sabe que Alexander J. Cartwright funda el equipo Knickerbocker, primero en Nueva York y del mundo con lo cual la práctica del nuevo deporte comienza a extenderse por las tierras del Caribe. Se dice que los marines americanos son su principal difusor y que es Cuba el primero de los países al que llega este pasatiempo de moda.

En aquella fecha entonces, eran famosas en la isla las corridas de toros, que comenzaron a ser desplazadas por el nuevo deporte que requería más concentración y que no era salvaje como la tauromaquia.

Tanto en Matanzas como en la Habana el juego comenzaba a extenderse lo que hizo que el primero de octubre de 1868 Francisco de Lersundi, Capitán General de la Isla, dictara un decreto mediante el cual suprimía la práctica del béisbol en territorio nacional, por considerarlo "un juego antiespañol y de tendencia insurreccionales, contrario al idioma y que propicia el desamor a España..."

A raíz del fusilamiento de los estudiantes de medicina en 1871, muchas familias ricas enviaron a sus hijos a estudiar a escuelas y universidades de los Estados Unidos. De esta oleada son Nemesio Guillo (considerado el fundador del béisbol en Cuba), José Dolores Amieva y sus dos hermanos, todos jóvenes estudiantes que al regresar a Cuba introdujeron la técnica y ayudaron a propagar el deporte que habían conocido en Norteamérica.

Ellos crearon un equipo en Matanzas y comenzaron a jugar en terrenos yermos. Pronto se construiría en Pueblo Nuevo, Matanzas, el histórico estadio del Palmar del Junco, reconocido como el primero de su clase en la isla y donde se celebrara en 1874 el primer juego oficial de pelota de Cuba.

El terreno del Palmar del Junco, pertenecía a los antepasados del doctor Martín del Junco, famoso abogado, Fiscal de la Audiencia de La Habana y lanzador amateur en sus días de estudiante. Se construyo una glorieta con techo y otra a la intemperie en lo que después se conoció como "gradas del sol". El primer partido en el Palmar del Junco, se celebro exactamente el domingo 27 de diciembre de 1874, entre el Matanzas y el Habana.

Según una crónica aparecida cuatro días después en el periódico "El Artista", editado en la ciudad de La Habana, el equipo representativo de La Habana trituró al de Matanzas con anotación de 51-9, apoyados en el lanzamiento de Ricardo Mora y el bateo del receptor Esteban Bellán, del Mutual Club de Nueva York en las Grandes Ligas.

Bellán, no solamente fue el pionero de todos los cubanos y latinoamericanos en jugar en las Ligas Mayores en 1871, sino que además se convirtió esa tarde en el primer cubano y latinoamericano en conectar 3 jonrones en un encuentro. Según la reseña firmada por un redactor deportivo que se hacia llamar "Henry", "una concurrencia numerosa presenció el acto (juego), que por la novedad llamo la atención", agregando que "gusto mucho también el sencillo y apropiado uniforme del Habana Club".

El desafió termino a las 5 y 35 minutos de la tarde, hora donde la oscuridad no permitió continuar. El partido lo inició y lo terminó el lanzador Ricardo Mora, quien además se anotó un jonrón.

Tres años después, en 1877, se concertaría en el propio Palmar de Junco, el primer encuentro internacional con un equipo americano que llegó al puerto de Matanzas, a bordo de un barco-escuela de Estados Unidos.

Un año después, en 1878 la fiebre de la pelota se apoderó de todos los cubanos. Se creó la Liga Profesional del béisbol Cubano. Se construyeron estadios por todas partes y en La Habana, docenas de aficionados acudían a los "placeres" como las Canteras de Medina, Melitón, Hacendados, el Placer de Peñalver y la Quinta de Torrecillas en Puentes Grandes, para ver jugar béisbol.

En este mismo año, los españoles quisieron imponer el balompié en Cuba alegando que se trataba del "deporte de los reyes", pero ya era demasiado tarde, pues eran los cubanos los que comenzaban a convertirse en los reyes del béisbol.


La fundación del primer campeonato cubano de béisbol, comenzó el 29 de diciembre de 1878 con un desafío entre Habana y Almendares, los que más tarde devendrían eternos rivales de su pelota profesional. El partido se efectuó en el terreno del Habana, en la calle Línea, Vedado, donde hoy está el hospital maternidad de Linea

El béisbol profesional se practicó en Cuba hasta 1961.

Cuatro, eran los equipos profesionales:

Almendares. Habana. Cienfuegos y Marianao.

domingo, 6 de septiembre de 2009

El Pan Con Timba y el Sube y Baja





Pan con Timba y El Sube y Baja



Todos los cubanos sabemos que la timba es un dulce de guayaba elaborado rudimentariamente con azucar sin refinar (azucar prieta) y que era muy popular en Cuba y se vendia con un pedazo de pan cubano (pan con Timba)por dos centavos, hasta que bajaron los desaforados de La Sierra Maestra y el Imperialismo Yankee le impuso un bloqueo a la guayaba.Este dulce de guayaba se envasaba en unas cajas de madera alargadas parecidas a las cajas de domino , pero tambien parecidas a las traviezas de los ferrocarriles y se vendia, picado en pedazos, con pan y un vaso de guachipupa especie de "sopa de gallo", agua con azucar prieta, por un centavo a los obreros de la construccion.Cuenta la leyenda que durante la construccion del ferrocarril Habana - Bejucal, por los años 1830 (primero en la America Hispana), trabajaban muchos negros norteamericanos que acudian a comer este pan con guayaba y un vaso de guachipupa. Como tenian dificultad para comunicarse con los provedores , decidieron rebautizar el pan con guayaba, y ya que su envase se parecia a dichas traviezas del ferrocarril empezaron a llamarla "Timble" que es el vocablo Ingles que sinifica traviesas del ferrocarril. Pues bien esta palabra "Timble" pronunciada por los negros norteamericanos sonaba a los oidos de los cubanos como "Timba" y de ahi en adelante los cubanos pedian un pan con Timba.

El Sube Y Baja

Un recurso muy socorrido era también un subi-baja, café con leche y pan con mantequilla, al módico precio de 10 centavos en total.El nombre de sube y baja se debe a que este pan se tomaba con una mano y segun se comia se iba mojando con el cafe con leche. Claro bajaba en la tasa y subia, de ahi sube y baja. En muchas ocasiones una frita, especie de hamburguesa, era la solución y dentro de un pan redondo, un trozo de alguna masa cárnica condimentada y cocinada en grasa hirviente se aderezaba con ketchup, mostaza, mayonesa, cebollitas y papitas fritas al costo de 7 centavos y hasta había un lugar único donde costaba 5 centavos al lado de la escuela de Artes y Oficios en Belascoain. La frita la envolvían en un papel de china y si se pedía para llevar la ponían dentro de un cartucho.






Fuentes: Lazaro Gonzalez , El Cardenense y Mambi

martes, 1 de septiembre de 2009

Volo como Matias Perez


Voló como Matías Pérez
Por ROLANDO ANICETO

No fue Matías Pérez el primero en volar en un globo aerostático en esta ciudad, pero
sí quien dejó una frase para la posteridad: “Voló como Matías Pérez”.
Las ascensiones aerostáticas se conocían en la villa de San Cristóbal de La Habana
desde 1796, cuando fue lanzado un globo desde una casa de altos a la entrada de la
calle Sol, pero sin pasajero. Todo parece indicar que el primero en utilizar uno de
estos artefactos voladores en La Habana fue el francés Eugenio Roberston. El 19 de
marzo de 1828, el obispo Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa, celebró
una misa con la que dejaba inaugurado El Templete, y las fiestas duraron tres días en
la Plaza de Armas. La principal atracción la constituyó Roberston, quien poco a poco
fue levantando su globo, ante las miradas atónitas del Capitán General Francisco
Dionisio Vives y miles de espectadores. El viento primaveral de aquella tarde llevó
la nave con su pasajero hasta un potrero situado en Nazareno, cerca del pueblo de
Managua. Además de sentar precedentes en la ciudad y estimular a otros a imitarlo,
el francés ganó 15,000 pesos.
.
Catorce meses más tarde, la norteamericana Virginia Morotte despegaba desde el Campo de Marte, para convertirse en la
primera mujer aeronauta de Cuba. Su vuelo terminó en la tenería Xifré, en el barrio del Cerro.
Una fiebre comenzaba a azotar a La Habana, y no era amarilla o negra, sino de muchos colores, la fiebre de los globos
voladores. Lugares públicos de la capital eran utilizados para estos fines, los que constituían una gran diversión, no sin cierto
grado de emoción, además, resultaban muy económicos. Entre los lugares seleccionados por su ubicación y espacio abierto
estaba el Campo de Marte, plaza para ejercicios militares, donde después se establecería el Parque de la Fraternidad.
Primeros paracaidistas Cuadrúpedos
El 30 de mayo de 1831 a las seis y 15 de la tarde, el hojalatero Domingo Blinó ascendería desde este lugar con un
rudimentario globo construido con esfuerzo propio y lleno de gas hidrógeno. Ya a gran altura, Blinó lanzó palomas, flores y
dos animales en paracaídas, y según Álvaro de la Iglesia en su obra Tradiciones completas, fueron dos chivos. Tres cuartos
de hora más tarde el globo se perdía de vista, los habaneros pensaron que había llegado a la Florida, pero un suplemento
especial del Diario de La Habana mandado a tirar por el propio Vives, informaba que el globo con su pasajero había ido a
parar al potrero San José, en el pueblo de Quiebra Hacha.
Entre los hombres que gozaban de gran popularidad como aeronauta estaba el francés Boudrias de Morat, quien preparó un
globo al que bautizó como El Cometa, y se fue al Campo de Marte, En dos ocasiones, ante un público ansioso, sus objetivos
terminaron en rotundos fracasos. En su último intento equipó la barquilla de su Cometa con una mesa con capacidad para
cuatro comensales, quienes por la suma de tres onzas de oro per cápita podrían acompañarlo en el intrépido viaje, El anfitrión
había servido carne, pan y vino, así como ropa adecuada para el frío que se sentiría en las grandes alturas. El globo no se
levantó más de unas pulgadas del piso, el público estaba enfurecido y el francés, además de devolver el dinero de las
entradas, fue directo a la cárcel por orden expresa del Capitán General José Gutiérrez de la Concha.
Pero Boudrias de Morat no era hombre que se dejara vencer tan fácilmente. Todo parece que los días que pasó en chirona le
encendieron la chispa del genio aerostático, y decidió utilizar el gas del alumbrado público en vez de hidrógeno. De nuevo en
el campo del honor, ante una multitud que se movía entre el escepticismo y la emoción, Morat logró hacer subir el globo, la
muchedumbre aplaudía, el aeronauta se inspiraba, ya en lo alto los aplausos lo estimulaban a continuar viaje, El Cometa
ganaba altura y tomaba rumbo oeste.

Los espectadores dejaron de aplaudir. Sus rostros se contrajeron. De pronto aquella masa humana, al unísono, echó a correr
por la calle Reina. Hombres, mujeres y niños, la mayoría a pie, otros a caballo o en coche, entre gritos y polvo, avanzaban
atropelladamente, como si quisieran alcanzar al héroe Todos se dirigían hacia Belascoaín, y el globo continuaba rumbo oeste,
hacia la loma de Aróstegui.
La multitud seguía por el Paseo de Tacón, los lanceros, a caballo, no podían controlar aquella mole humana
Sobre la colina se veía, imponente, el Castillo del Príncipe, rodeado de álamos, cuyas copas parecía que esperaban al viajero
de las alturas. El globo perdía altura a una velocidad vertiginosa, y todo indicaba que caería al otro lado de la loma y así
sucedió. La tela se había roto y su conductor decidió abandonar la barquilla y subir por la escalerita, mientras la nave
descendía, por lo que salvó la vida casi milagrosamente.
No fue Morat el único aeronauta que pasó a la posteridad en esta gran urbe, pues Godard lo superaría con creces y con excentricidades.
Este francés tenía un enorme globo llamado El América, con capacidad para ocho personas y con las pinturas
del Sol, la Luna, Júpiter y Saturno. En cierta ocasión, con el globo a gran altura, realizó peripecias desde un trapecio colgado
de la barquilla, mientras su valiente esposa conducía la nave. En otra de sus ascensiones desde el Campo de Marte, a Godard
se le ocurrió nada más y nada menos que subir con un caballo, y el cronista Ramón Meza escribía en La Habana Elegante lo
siguiente:
“El animal suspendido por la cincha con un enorme cable atado a la barquilla, apenas notó que le iba faltando el suelo bajo
sus pies, quedó doblado, inmóvil; sus patas tomaron la rigidez del acero y sus estiradas orejas, erizadas crines, fijos ojos y
ensanchada nariz, denotaban el terror pánico que le iba acometiendo en su ascenso por un elemento tan contrario a su naturaleza.

“Godard, con gran banderola en una mano y en la otra el sombrero, saludaba sonriente a la multitud, admirada de la osadía y
serenidad del aeronauta.
“En diez minutos atravesó el globo la ciudad, cruzó también por encima de la bahía y fue a posarse tranquilamente sobre la
colina de la Cabaña, a pocos metros de la orilla del mar, hacia la cual soplaba aquella tarde el viento del suroeste.”
No conforme con esto, durante otro ascenso lanzó un perrito desde un paracaídas, otra vez trató de subir con un mono, pero
fue tanto el nerviosismo del pobre animal que desistió de la idea.
Matías Pérez
Un sello distintivo de La Habana de aquellos tiempos eran los toldos. Casi todos los establecimientos los tenían, pues además
de ornamentales eran muy prácticos para nuestro clima, ya que protegían a los transeúntes de la lluvia y del sol tropical.
Servían también para anunciar los establecimientos a los cuales pertenecían, como La Isabelita, El León de Oro, Palo Gordo,
Delicias de las Damas y muchos más, y en ocasiones se extendían de acera a acera para dar a la calle aspecto de bazar o
bulevar.
El oficio de fabricante de toldos era bastante remunerativo, sobre todo si quien lo realizaba recibía el sobrenombre de “Rey de los Toldos”.
Y era así como llamaban a Matías Pérez. Se trataba de un exmarino portugués especialista en hacer y reparar velas y en prepararlas para su ardua tarea contra el viento.
Este portugués que quiso emular con Cristóbal Colón, uno en los
cielos y el otro en los mares, del cual sabemos de dónde vino y cuándo se fue, pero no para dónde, era el asistente de Godard
y quién se encargaba de preparar las condiciones previas a los vuelos, registrar el tubo conductor del gas, supervisar los
instrumentos y lanzar dos globos pilotos para conocer la dirección del viento. Y así Matías creyó aprender lo suficiente como
para convertirse en aeronauta y superar a todos sus homólogos anteriores.
Compró el globo La Villa de Paris a Godard por 1250 pesos y con su nave se dirigió al Campo de Marte. Era el 12 de junio
de 1856. Desde todos los puntos de intra y extramuros, los habaneros acudían a ver la anunciada ascensión del nuevo
aeronauta. El Campo de Marte estaba repleto de público y una orquesta amenizaba el acto. En cuanto La Villa de Paris
comenzó a ganar altura, miles de pañuelos se agitaron al clamor de igual números de voces.
Pero ya en lo alto, el globo comenzó a descender con cierta rapidez, lo que hizo pensar a los espectadores que la tela se había
roto. En realidad se había trabado la cuerda que habría la válvula del globo, y Matías Pérez tuvo que subir por las sogas que sujetaban la barquilla. Abrió la boca del globo y la mantuvo así con sus brazos para que penetrara el aire y aminorara la
rapidez del descenso.

La nave fue a parar a la quinta de Palatino, cerca del río Almendares.
Su primer vuelo constituyó un rotundo éxito a pesar del percance, ya que superó a los dos franceses. En otras dos ocasiones
se presentó de nuevo el público en el Campo de Marte, pero debido a inclemencias de tiempo hubo que suspender los vuelos.
Finalmente el 29 de junio de 1856 volvió el intrépido navegante de las alturas al Campo de Marte con su globo, para
desaparecer en el espacio y permanecer en el tiempo y en el recuerdo de todos los cubanos.
Los últimos en verlo fueron unos pescadores que realizaban su faena por el torreón de la Chorrera. Estaban cerca de la costa
y lo conminaron a bajar, pero el aeronauta les respondió dejando caer sacos de arena e internándose sobre la mar.
No logró sentar precedentes en la aeronáutica, pero sí una frase para las generaciones futuras: “Voló como Matías Pérez”.

martes, 25 de agosto de 2009

El Parque de Trillo




El Parque de Trillo

Parque Trillo, entre rumbas y leyendas
Por Lídice Valenzuela

El parque Trillo es uno de los más antiguos de La Habana que, según la papelería citadina, surgió como un pequeño asiento para el descanso, en la primera década del pasado siglo.

El 26 de julio de 1912, por acuerdo 730 del Ayuntamiento de La Habana, se constituyó el barrio de Cayo Hueso donde está situado este espacio arbolado, que ahora es además una importante plaza cultural del barrio. Esa es la génesis del popular parque, donde siempre ha sonado la rumba.

Sitio acogedor, el Parque Trillo se caracteriza por su íntimo carácter, sus callecillas internas pobladas de árboles, y en especial por quienes hacen de su entorno el momento para la conversación y el descanso.

Son personas de más edad las que desde horas tempranas llegan hasta la placita de Trillo. Allí, entre la seguridad de sus existencias, añoranzas y recuerdos, los ancianos vuelven a las épocas en que, en ese mismo lugar sonaban los cueros, ahora más de tarde en tarde, y los bailadores se lanzaban al ruedo en busca de la alegría inmediata.

El Parque Trillo, como el del Curita, en el pleno corazón de La Habana, es uno de los más conocidos de La Habana. Puede decirse que todos los caminos conducen a ese popular sitio.

Emplazado entre las calles San Rafael, San Miguel, Aramburu y Hospital, fue uno de los últimos donde existía cada semana un mercado abierto, donde el comprador encontraba el producto más insólito: desde las sabrosas y refrescantes frutas cubanas, como el mango y la fruta bomba (papaya) o las viandas de estación, entre ellas el boniato y la yuca, y los sabrosos platanitos, siempre en época, pasando por distintos tipos de carnes, aves, huevos.

Era una especie de mercado de pulgas o pulguero, existente en otras naciones de América Latina.

En época de la seudorrepública, el Parque Trillo fue también escenario de hechos sangrientos, entre los que aún se recuerda el asesinato del famoso delincuente de la primera mitad del siglo pasado conocido por el pueblo como “Pato Macho”.

Hasta una copla popular le dedicaron al matón, que dice así: por culpa de la chaucha (comida)/mataron a Pato Macho/allá en el parque de Trillo/peleando con los muchachos/…

Cuentan además que un alcalde habanero de aquella época llamado Justo Luis del Pozo enterró un cubo en los terrenos del parque, cual símbolo de la escasez de agua del barrio de Cayo Hueso, y sus deseos, nunca materializados en su mandato, de que la situación respecto al vital líquido, se normalizara.

Presiden los recovecos de este popular espacio habanero una estatua del general de la Guerra de Independencia Quintín Banderas, al que los cubanos rinden homenaje con su bregar diario.

También, en el Parque Trillo, hay una Ceiba gigante, árbol sagrado de los dioses del panteón yoruba, y se dice que si usted camina a su alrededor puede ver los muertos de su familia.

domingo, 23 de agosto de 2009

El Barrio Chino de la Habana




El Barrio Chino


La Habana , capital de Cuba.
Fundada hace más de 480 años, atesora el cosmopolitismo de las grandes ciudades. Hasta aquí han llegado gentes de las más diversas nacionalidades, y con ellos su cultura y tradiciones. Los primeros chinos que habitaron la ciudad se establecieron en una de sus zonas más céntricas. Con el paso de los años este núcleo urbano fue creciendo hasta convertirse en el BARRIO CHINO DE LA HABANA , principal asentamiento poblacional de la comunidad, aunque los chinos y sus descendientes se dispersaron por toda Cuba.El Barrio, en sus tiempos de esplendor, llegó a ser el más populoso y famoso de América Latina, y como todos sus homólogos resumía el mítico encanto de “una ciudad asiática en miniatura”(Leonardo Padura). Su particular identidad estribaba en su excepcional animación, a través de una imagen de feria con sus comercios y pequeños puntos de ventas de productos y la grata presencia de la cultura china con su periódico, fiestas tradicionales, danzas, compañías de teatro y artes marciales..A pesar del tiempo transcurrido y el ritmo siempre agitado de la modernidad, el Barrio mantiene su vigencia en las instituciones chinas aún existentes, en las huellas de sus calles y edificios, en los rasgos achinados de muchos de sus habitantes y sobre todo, en la memoria popular de los cubanos, que siempre asocian esta zona de la capital con los chinos, sus tradiciones y costumbres

jueves, 20 de agosto de 2009

La Butifarra del Congo



Las Butifarras de El Congo



El Congo era un negro liberto, nacido en las cercanías de Catalina de Güines en 1875, del Central Alejandría, que para sobrevivir producía unas butifarras de carne de Res, Puerco y Pollo a las que añadía una salsa picantosa. Las butifarras del Congo tuvieron tal demanda que tiempo después, el pequeño carrito se convirtió en un exitoso restaurante a la borde de la Carretera Central, bautizado por los hijos de Guillermo Armenteros como “El Congo”. Este pequeño negro de descendientes africanos, era Abakua de la potencia Obonékue Apapá Umoni Efí Ekueri Tongo.




El surgimiento, confección, venta y promoción de este plato constituye orgullo tradicional del menú de los vecinos de Güines.
Por su gusto y calidad, fue conocido nacional internacionalmente, y ampliamente divulgado mediante la canción Echale Salsita, de Ignacio Piñero y su Septeto Nacional.
Guillermo Armenteros, conocido por el sobrenombre de El Congo desde su infancia, fue natural de esta zona, y provenía de una familia humilde dedicada al corte de la caña. Era de mediana estatura, sencillo, jaranero y bien parecido, y se calcula que haya nacido en la última década el siglo XIX.
Hay quienes afirman que las butifarras comenzaron a hacerse en 1955, y se vendían en las fiestas, frente al actual restaurante que mantiene el nombre de El Congo.
Las butifarras, plato fruto de la cocina española en Catalina, con nuevos preparativos y condimentos en su confección, cambió su sabor y adquirió características muy personales y peculiares, por lo que logra alcanzar aceptación, gran popularidad y alto nivel de ventas.
Al principio El Congo vendía el codiciado producto dentro de una cesta que se colocaba sobre su cabeza, en sitios cercanos a los bailes y fiestas públicas, religiosas,... Durante sus gestiones de venta pregonaba la palabra ¡salsa! Todos los comensales coincidían en que era un plato exquisito.
El Congo progresó con el producto de sus ventas y entonces comenzó a vender la butifaras en una carretilla parecida a las que utilizan los granizaderos, donde expendía su producto con pan o sin el.
Con posterioridad adquirió un kiosko transportado o portátil que podía trasladarlo con facilidad de un sitio a otro. El precio de venta consistía en cinco centavos y se incrementaba a 10, si era acompañada de un pan; en caso de que este incluyera dos unidades, su costo era de 20 centavos. Las unidades solas se vendían por decenas con su salsa.
En 1957, al inaugurarse el restaurante, continuaron vendiéndose por este valor y presentación, pero ahora, acompañada de otras comidas.
En el proceso de fabricación de las butifarras intervenían cinco o seis personas, y cada una de ellas realizaba un trabajo específico: preparar la carne y los sazones, virar al revés los intestinos y lavarlos (luego se inflaban y se ubicaban al Sol) amasar y rellenar, amarrarlas y ponerlas al vapor de un fogón de carbón.
Se supone que, lo singredientes, más o menos, fueran: 50 por ciento de carne de puerco, 25 de empellas de cerdo y 25 de carne de res y, por su puesto, se les agregaba pimentón El Potro, ajo chileno, nuez moscada y sal.
Las carnes se preparaban en forma de picadillo crudo, al que se le adicionaba especies y sazones. Posteriormente, dicha masa era pasada a una habitación en la cual primero solo podía entrar El Congo y, después del fallecimiento de este, su hija Guillermina. El proceso en aquel sitio constituía un secreto familiar, pues era donde se le daba el acabado a la masa, la cual se depositaba mediante un embudo dentro de la llamada tripa, y se ubicaba sobre el fogón.
La salsa se preparaba aparte, con grasa, sazones y especias, sin puré de tomate.
La ubicación del comercio, en sitio junto a la Carretera Central, contribuyó a engrandecer la fama de la butifarra, que en su momento era la principal del país.
Este producto se confeccionó según la receta original de El Congo, hasta el año 1964, cuando el establecimiento fue intervenido.
Ignacio Piñeiro y su Septeto se presentaron para actuar en un salón de baile denominado El Cañón, que existió en Catalina. Allí El Congo estaba pregonando su producto y les brindó butifarras a los músicos; les agradaron tanto, que Ignacio Piñeiro prometió allí mismo componerle una canción, la cual fue estrenada en esa actividad. Esta pieza de la música popular, que data de la década del 50, contribuyó a incrementar la fama del apetecido producto.









martes, 18 de agosto de 2009

Los Tranvias y Las Enfermeras












En la soleada mañana del domingo 1 de junio de 1862 el Capitán General Don Francisco Domínguez, Duque de la Torre, inauguró solemnemente el servicio público Ferrocarril Urbano de La Habana, el cual uniría para siempre a los “caseríos” aledaños del Cerro, Jesús del Monte y Carmelo, ubicado este último en el lujoso barrio del Vedado.Para esa primera etapa, esos antiguos vehículos fueron movidos por fuerza animal. Eran conducidos por tres caballos, dos en barra y uno como guía, variante que desapareció a inicios del siglo XX con el advenimiento de la República , al surgir el flamante transporte de tranvías eléctricos pertenecientes a The Havana Electric Railway Company, corporación norteamericana que en 1913 devino en The Havana Electric Railway, Light and Power Company.Los “carritos”, como todos los habaneros los llamaban, eran de dos clases: Primera y Tercera, que se turnaban en el servicio y el precio oscilaba entre 20 y 30 centavos el billete. Sin embargo, los tranvías de primera clase eclipsaron pronto debido a su carestía, justamente cuando la competencia de un empresario de guaguas estableció el servicio por tramos a 10 centavos y el viaje directo a 15.Esos primeros “artefactos móviles” eran conducidos por un cochero que llevaba en su plataforma un banquillo alto, en el cual se sentaba cuando el “carrito” descendía pendientes donde el caballo no necesitaba castigo para ir a paso vivo. Esos conductores y aurigas, conocidos por sus nombres por el público cotidiano, usaban gorras de plato de piqué blanco, con visera plana o de concha de carey, y un látigo o fusta para animar a las bestias.En la collera de los animales se colocaban múltiples y sonoros cascabeles, cuyo tintinear se escuchaba a larga distancia. Las personas, entre tanto, subían y descendían al vehículo por la parte posterior.Los “cocheros” del Transporte Urbano, que explotó en todos los tiempos unos 56 kilómetros de vías férreas con apenas unos 50 vehículos, no llegaban a una treintena, y sus caballerizas y corrales, se mantenían siempre para el uso diario, sobre los 300 caballos aproximadamente.El ramal del Vedado, posterior varios años al de La Habana se movía a vapor y se formaban trenes de dos o tres carros, arrastrados por locomotoras.Algo muy curioso para esa época era que el último tranvía salía de las terminales a las diez y media de la noche. El pueblo lo conocía por el “carrito de las campanillas o de los novios”, por que en ese móvil regresaban a la Habana, los jóvenes, cuyas novias residían en los barrios de Jesús del Monte y Carlos III.En un artículo publicado en marzo de 1950 en la popular revista Carteles cuenta Roig de Leuhsenring que “al comprar en 1901 un sindicato americano los tranvías y ferrocarriles suburbanos, recibiendo al efecto del Gobierno de ocupación una concesión para reconstruir y electrificar las líneas existentes y construir otras nuevas en la capital y barrios vecinos, el tranvía eléctrico fue acogido por el pueblo con cierta prevención y hostilidad, que bien pronto convirtió en burla y choteo criollo, hasta su aceptación definitiva”Los choques y accidentes primitivos, que para ese tiempo se sucedían con frecuencia, dieron motivo para que los carros eléctricos fueran bautizados por la población con el mote de “funerarias eléctricas”, y por sus dos antenas o troles se les denominó “la langosta”.El primer coche tranvía eléctrico de la capital, construido en los Estados Unidos, circuló el 22 de marzo de 1901 hasta el elitista barrio del Vedado. De forma gradual se fueron construyendo líneas a través de toda la urbe, hasta llegar a sobrepasar el término municipal de la Ciudad de La Habana.El servicio público de pasajeros por tranvías se empleó también en las ciudades de Matanzas, Cienfuegos, Camaguey y Santiago de Cuba (inaugurado en 1907 y retirado en 1951). Ese tipo de transportación en Camaguey y Santiago perteneció a la The Havana Railway Co.; en Matanzas a la Compañía de Tranvías de Matanzas S.A. y en Cienfuegos a la Compañía de Cienfuegos-Palmira-Cruces.En los primeros tiempos de la historia del tranvía eléctrico en la capital, solamente se mantuvieron cuatro líneas dobles, que partiendo de las terminales del Vedado, Cerro, Jesús del Monte y Príncipe, iban a San Juan de Dios y el Muelle de Luz, que de hecho formaban ocho líneas, que con posterioridad se ampliaron hasta las calles San Lázaro, Galiano, 23 y J, Ángeles, Florida, Vives y Belascoaín, entre otras.Al iniciarse el auge del servicio de pasajeros por el sistema de ómnibus motorizados, principalmente a mediados de la década del 30, trajo consigo la decadencia y declive de los tranvías. La mayor velocidad de las conocidas “guaguas”, su comodidad y máxima flexibilidad, entre otras causas, hicieron declinar hasta hacerlo desaparecer a ese memorable, histórico y hoy olvidado tipo de transporte.En horas de la madruga del martes 29 de abril de 1952 rindió su ultimo viaje el tranvía número 388 de la línea “Príncipe Avenida del Puerto”, último carro que circuló por las calles de la Ciudad de La Habana


Fuente: Conexion Cubana















Las Enfermeras.










En la Habana habia dos tipos de Transporte Urbano, el tranvia y los omnibus " Aliados " tambien llamados Coa, por la compañia dueña de los vehiculos. Nuestro pueblo que no pierde la costumbre de ponerle nombrete a todo les decia los aguacates, por que su color era verde y amarillo, y al igual que los tramvias, cubrian rutas por toda la Habana.





Un dia despertamos con la noticia de que La Habana como capital moderna tenia que cambiar, los tranvias que era un sistema muy anticuado. ( Todavia hay tranvia en muchas ciudades modernas, solo que son distintos a los que conocimos, son mas modernos, pero son tranvias).


Bueno, para desenredar esta madeja les contare. Dicen las malas lenguas que el presidente Prio Socarras, armo un negocito con algunos banqueros para montar una linea de buses y asi competir con los consorcios de transporte de la Habana, los llamados Omnibus Aliados, y surgieron Los Auto Buses Modernos S.A. Que, desplazaron a nuestros queridos tranvias.


Cierto que estos autobuses eran mas modernos que Los Aliados por lo cual eran el ultimo grito en la Habana y la gente preferia montar en ellos, como eran pintados de blanco con una linea azul en los costados, enseguida le buscaron un nombrete y las llamaron "Las Enfermeras"








Herminio Huerta











lunes, 10 de agosto de 2009

El Castillo embrujado de Mantilla


Agosto de 1933
Rev. Carteles.

"Con el Dictador Gerardo Machado subieron a la pequeña aeronave el ex alcalde habanero Pepito Izquierdo, los ex secretarios (ministros) Octavio Averhoff, de Hacienda, y Eugenio Molinet, de Agricultura, y los capitanes Vila y Crespo Moreno, un asesino que se pegó como una lapa al mandatario depuesto."

Entre las leyendas más conocidas en la provincia de La Habana están las referidas al local que actualmente ocupa el órgano de gobierno de ese territorio, en una colina del barrio capitalino de Mantilla.Ese lugar era el antiguo Castillo de Averhoff, una majestuosa edificación de estilo inglés, inaugurada en 1917 con un pomposo desfile de carros que nunca antes ese pobre barrio había visto, coincidente con la boda de Octavio Averhoff y Celia Sarrá.Conocido por "Coquito", Octavio fue rector de la Universidad de La Habana, y Celia era la hija del acaudalado Ernesto Sarrá, quien construyó la lujosa casona de recreo para regalársela por sus nupcias.Celia y Octavio solo iban a la residencia por temporadas y arribaban al palacete acompañados de numerosos invitados para disfrutar de las fastuosas fiestas allí organizadas.Según los vecinos de Mantilla, los festejos eran orgías con mujeres desnudas que se bañaban en una laguna artificial junto a políticos y comerciantes de renombre, embriagados con el mejor vino francés, cuyos toneles vacíos rodaban por los caminos que llevaban al Castillo.En la última planta fue asesinado el capataz Nino "Mano de Piedra", y con su muerte, dicen que por problemas de faldas, se inician las leyendas de los fantasmas.Los gritos de agonía de Nino, aseguran los habitantes de Mantilla, se escuchaban en todos los puntos de la barriada hasta tres horas después de asesinado.Las visitas de los dueños se hicieron cada día más espaciadas a partir de 1930, pues "Coquito" se convirtió en un personero de la dictadura machadista.Al caer Machado, el Castillo, símbolo de los desmanes de esa oprobiosa tiranía, resultó blanco de la ira del pueblo, mas las paredes de piedra azul quedaron en pie y así las encontró seis años después la nueva familia que la ocupó.Las leyendas e historias alrededor del Castillo, algunas espeluznantes, se incrementaron. Ello influyó que en el lugar se estableciera la 15 Estación de Caballería.De esas historias cobró auge la relativa a un orangután que estrangulaba a los prisioneros, aunque en ese sitio nunca hubo presos y el único simio fue una monita traída por los inquilinos desde Nicaragua. Durante los gobiernos de Grau, Prío y Batista fueron constantes las búsquedas, pulgada a pulgada, de túneles y pasadizos secretos que condujeran al Castillo de Atarés, de depósitos de armas y pólvora y otras evidencias de actividades subversivas.





Fuente:


Desconexion Cubana

domingo, 21 de junio de 2009

El Diamante del Capitolio







El “kilómetro cero” de Cuba se encuentra ubicado en El Capitolio de La Habana, un edificio construido en 1929 por el arquitecto Eugenio Raynieri Piedra destinado a albergar y ser sede de las dos Cámaras del Congreso o cuerpo legislativo de la República de Cuba. Está situado en el centro la capital del país, La Habana. Cuando fue disuelto el Congreso, comenzó a ser la sede del Ministerio destinado a Centro de Congresos y Exposiciones. Abierto al público, es uno de los centros turísticos más visitados de la ciudad. Constituye el segundo punto más alto de La Habana después del monumento a José Martí situado en la Plaza de la Revolución.(civica)
El edificio tiene un diamante de 25 kilates embutido en el piso de granito del Salón de los Pasos Perdidos, justo en centro mismo de la cúpula y a los pies de la Estatua de la República. Según se cuenta, el diamante perteneció al último zar de Rusia, Nicolás II, y se le otorgaban poderes curativos. Este diamante marca el punto kilométrico cero de las carreteras cubanas.
A pesar de estar protegido por un sólido cristal tallado considerado irrompible, el diamante fue robado en 25 de marzo de 1946 y recuperado el 2 de junio del año siguiente.








¿Dónde está el diamante?
José Antonio Fornaris.








LA HABANA, abril (www.cubanet.org) - Todos los cubanos hemos oído hablar del diamante del Capitolio Nacional. Pero para los que no saben nada del tema les diré que éste puede ser un relato de "érase una vez". Como introducción debo agregar que el primero de abril de 1926, siendo presidente de la república el general Gerardo Machado Morales, comenzaron las obras de ese majestuoso edificio, que sería la sede del poder legislativo. Cinco años después, el 24 de febrero de 1931, se entregó de forma oficial el Capitolio al Congreso de la República.
A parte de su majestuosidad, el Capitolio tenía un atractivo adicional, un brillante de 25 kilates que se instaló en el piso del Salón de los Pasos Perdidos, debajo y en el centro mismo de la cúpula.
De ese diamante se dijo que perteneció al último zar de Rusia, y que tenía facultades curativas y poderes mágicos. Independientemente de todo eso, en el Capitolio tenía un uso práctico, pues marcaba el punto cero de la carretera central de Cuba.
La gema estaba, aparentemente, bien asegurada al piso de granito, y protegida con un grueso cristal. Pero el 25 de marzo de 1946 fue robada, y algo más de un año después, el 2 de junio de 1947, apareció, se afirma, en la mesa del despacho del presidente Ramón Grau San Martín (1944-1948), y de inmediato retornó a su sitio en el Capitolio.
Nunca se supo quién fue el ladrón, pero recientemente, el periodista investigador Rolando Aniceto Ramos afirmó en una peña denominada "Tradiciones habaneras" que él realiza el tercer miércoles de cada mes en áreas del hotel Inglaterra, que quien sustrajo el diamante fue el teniente de la policía especial del Ministerio de Educación Abelardo Fernández González, conocido como "El mosquito".
Aniceto dijo que "El mosquito" pudo realizar el robo porque esa noche había sido clausurada una exposición de arte auspiciada por el Ministerio de Educación, la cual estaba instalada en el Salón de los Pasos Perdidos, y que ese individuo, precisamente por su condición de policía de ese ministerio, participaba del cuidado de la exposición, y que seguramente se quedó escondido dentro del Capitolio.
Dos cosas, afirmó el colega, ayudaron a que ese hombre realizara el robo. Una, que el cristal que protegía al diamante estaba quebrado, ya que otro policía, con el fin de demostrarles a unos turistas que el cristal era irrompible, le dio un fuerte golpe con el tacón del zapato, quebrándolo. Este hecho -dijo Aniceto, las autoridades lo mantuvieron en secreto.
La otra es que existía la leyenda de que el fantasma de Clemente Vázquez Bello, muerto en un atentado unos años antes, se paseaba por el Salón de los Pasos Perdidos y los guardias nocturnos del Capitolio evitaban ir por esa zona.
Rolando Aniceto dijo también en su peña que "El mosquito" (que estuvo preso por un hecho de sangre) le confesó a su compañero de prisión, el ex soldado Emilio Valderrama, prisionero por conspirar contra el presidente Grau, que él había sido el autor del robo del diamante.
Agregó que "Segundo Curtis Messinas, quien fue ministro de Gobernación y de Defensa en la época de Grau, y representante a la Cámara, quien murió hace tres años en La Habana, me corroboró que Abelardo Fernández González, alias "El mosquito", había sido el autor del robo del diamante".
El diamante, según este investigador, tenía un precio de 25 mil pesos, una cantidad alta para la época, lo que dificultaba encontrar un comprador, además del riesgo de venderlo. Así las cosas -según Aniceto Ramos- el ministro de Educación de Grau corrió la voz entre los bajos fondo de que él daría 5 mil pesos por el diamante y no se tomarían represalias contra el ladrón. De esa forma el ministro recuperó el diamante y se lo entregó al comandante del ejército Pablo Suárez, ayudante del presidente Grau San Martín.
El diamante estuvo en el Capitolio hasta 1973, año en que fue sustituido por una réplica, al parecer con la buena intención de protegerlo de otro robo.
Varios de los asistentes a la peña quisieron saber dónde está actualmente el famoso diamante. "En el Capitolio dicen que está en el Banco Central", respondió el colega investigador.
A mí también me han dicho en el Capitolio, actualmente sede del Ministerio de Tecnología y Medio Ambiente, que el diamante está en el Banco Central. Pero hace unos cuatro años, a raíz de un artículo que titulé "El diamante que se perdió dos veces", me comuniqué telefónicamente con varios departamentos del Banco Central, y nadie sabía de la existencia del diamante. Algunos de los que me respondieron se "desayunaron" con la afirmación del Capitolio de que la gema estaba en el Banco Central. A su vez, alguien, en uno de los departamentos de ese banco, ante mis averiguaciones, me preguntó si yo era coleccionista de diamantes.
En 1946 el diamante fue robado y regresó al Capitolio. Pero ahora, ¿dónde está el diamante? Tal vez Aniceto Ramos, que parece ser un buen periodista investigador, pueda continuar sus pesquisas para que nos haga saber dónde está o qué han hecho con ese diamante, que es patrimonio de la República de Cuba.

 
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